Beneficios de la avellana

El origen de la avellana se remonta unos 5,000 años atrás en Asia Menor y se han encontrado manuscritos chinos muy antiguos que ya la mencionan.

Los encargados de darla a conocer por toda Europa fueron los griegos y romanos, donde ha sido utilizada hasta nuestros días. Muchas de las variedades que son cultivadas hoy en día se obtuvieron en el siglo XIX, durante el cual, el interés por la hibridación y selección de especies tuvo especial interés.

Estos pequeños frutos secos son particularmente ricos en potasio, elemento que reduce la tensión sanguínea y que convierte a las avellanas en un diurético natural, contribuyendo con esto a combatir la retención de líquidos. Por otro lado, son una buena fuente de proteínas y grasas monoinsaturadas que reducen el colesterol malo en sangre e incluso llegan a incrementar un poco los niveles de colesterol bueno. Tienen un alto contenido en beta-sitosterol, que consiste en una grasa vegetal que ayuda a reducir la dilatación de la próstata y, como ya mencioné con anterioridad, disminuye los niveles de colesterol. Las avellanas son un alimento rico en vitamina E, antioxidante útil para mantener sana la piel y el corazón; al mismo tiempo, refuerza el sistema inmunitario. Su contenido en magnesio también cuida la salud del corazón y contribuye a fortalecer los huesos.

Otros beneficios que su consumo te puede brindar:

Aportan mucha energía, son ideales para deportistas o para aquellas personas que necesitan alimentos altamente calóricos.
Son ricas en fibra, por lo que son muy buenas para el correcto funcionamiento de nuestro aparato digestivo -mantienen a raya el molesto padecimiento del estreñimiento-.
Ayudan a prevenir la posible formación de cálculos renales.
Contienen altos niveles de tiamina y niacina.
Las avellanas contienen grasas insaturadas, las cuales son ideales para controlar los niveles de colesterol gracias a su contenido en ácido oleico.
Contienen arginina, un aminoácido esencial para el correcto funcionamiento del sistema cardiovascular.
Al contener vitaminas del grupo B son útiles para aliviar el estrés y la ansiedad, así como para combatir la depresión.
Gracias al magnesio que contienen, su consumo es adecuado para combatir la anemia. Son altamente remineralizantes, por eso son muy recomendadas en situaciones de convalecencia, y agotamiento físico y mental.
Una ración de 30 g de avellanas te aporta:

188 Kcal.
Grasas totales: 18.2 g.
Proteínas: 4.5 g.
Carbohidratos: 5 g.
Fibra: 2.9 g.
Vitamina E: 4.5 mg.
Niacina: 0.5 mg.
Vitamina B6: 0.16 mg.
Potasio: 204 mg.
Magnesio: 49 mg.
Hierro: 1.4 mg.
Zinc: 0.7 mg.
Dentro de los consejos prácticos, te puedo mencionar que las avellanas se conservan bastante bien debido a las grasas y vitamina E que contienen, ya que estas últimas funcionan como conservadores. De preferencia compra las avellanas enteras, ya que trituradas contienen menos nutrientes. De cualquier forma, para que se conserven mejor guárdalas en el refrigerador. Las puedes comer como snacks, botanas, en ensaladas, postres, etc.

Te dejo la siguiente receta para que puedas preparar una leche de avellanas en casa:

Ingredientes: 200 g de avellanas crudas o tostadas sin sal (evita las fritas), 1 ½ litro de agua mineral, una pizca de vainilla, azúcar morena o miel de abeja al gusto.

Modo de preparar:

Si las avellanas que utilizarás son crudas es necesario que las dejes remojar en agua toda la noche antes de la preparación. Al día siguiente, retira el agua en la que las remojaste y enjuágalas bien, cuélalas y apártalas.
En la licuadora, licúa bien las avellanas con el agua mineral hasta obtener un líquido cremoso de color blanco.
Cuela la bebida con ayuda de un colador muy cerrado o una gasa de algodón.
Al momento de beberla añade la vainilla al gusto y, si deseas, endulza con miel o azúcar morena al gusto.
Sustituye cuando quieras la leche de vaca por esta leche de avellanas y aprovecha todas sus propiedades.