Conferencia Episcopal se pronuncia sobre campaña política

En nuestra Asamblea Ordinaria, celebrada entre los días 09 a 13 del presente mes de octubre, hemos reflexionado acerca del derecho que tenemos en Honduras de un futuro mejor y digno de respeto.

Porque existe el peligro de que se nos escape este futuro si la política sigue siendo lo que ha sido en las últimas décadas y la postura de la mayoría de la pobla-ción sigue siendo la falta de participación y de compromiso. Compartimos nuestras consideraciones con quienes deseen conocerlas.
1° REHABILITAR LA POLITICA Significa "volver a tener" una vida política de la que toda la población, y no solo los partidos políticos, pueda ser parte activa y desde la cual podarnos trabajar el presente para asegurar un mejor futuro. El Papa Francisco lo expresa así:"El futuro exige la tarea de rehabilitar la política que es una de las formas más altas de la caridad, y una visión humanista de la economía. Una política que evite el elitismo y erradique la pobreza, que asegure dignidad y solidaridad", (Papa Francis-co a los jóvenes en Brasil).
Para esta tarea no bastan los políticos. Se necesita a toda la ciudadanía que, dejando de lado el miedo y la desconfianza, tome conciencia de las ventajas que tiene exigir una política ejercida al servicio del bien común, en respeto a los valores morales y libre de corrupción.
2° REHABILITAR LA DEMOCRACIA Es imprescindible volver a citar el número 46 de la Carta Encíclica "Centesirnus Annus" de San Juan Pablo II: "La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica" Los escenarios actuales en Honduras ponen en entredicho las condiciones de autenticidad y de claridad que debe garantizar, en los mecanismos de participación política, todo sistema democrático. De cara al ejercicio del sufragio, la primera condición es la libertad; esto supone no sufrir coacciones ni presiones o chan-tajes y tener suficientes elementos e información para discernir las condiciones de honradez, legalidad y legitimidad, o de la falta de ellas, en cada uno de los candidatos. De ello depende la condición de autenticidad que debe caracterizar a todo proceso electoral. En consecuencia, consideramos necesario un esfuerzo de toda la ciudadanía para informarse ampliamente de las posibilidades que tanto los candidatos como los partidos o grupos políticos que representan pueden ofrecer a la hora de rehabilitar la tan quebrantada democracia en la que vivimos. Y aunque sea repetir lo que tantas veces hemos expresado, pedimos que se elija, en conciencia, a quienes puedan devolvernos la dignidad y la solidaridad propias de un país que ama la vida, que ama la paz y reclama justicia cada día.
3° REHABILITAR EL DERECHO Un principio fundamental del Estado de Derecho es la separación e independencia de los poderes: legislativo, judicial y ejecutivo. El irrespeto a este principio es causa de desorden jurídico y, en consecuencia, social. Prueba de ello han sido las violaciones a la actual Constitución y las actuaciones de falsa legalidad que se han dado en los últimos años.
Y no sólo es necesario rehabilitar el Derecho que garantiza el orden jurídico y social en la convivencia de la ciudada-nía en el seno de nuestra patria, sino que es urgente hacerlo porque de ello también depende que Honduras contri-buya al orden intemacional y sea respetada por las demás naciones. Sin ese respeto a los principios que inspiran la ordenación jurídica del Estado, no se garantiza la estabilidad de las relaciones internacionales.

Por eso es necesario saber elegir a aquellos candidatos y candidatas que garanticen un ejercicio del poder político desde la capacidad profesional y la honradez personal que les permita estar al servicio y en la defensa del Estado de Derecho.
4. REHABILITAR LA ESPERANZA La esperanza no es un cruzarnos de brazos pensando que otros harán lo que haga falta para salvarnos. No es cerrar los ojos a la realidad. No es ilusionarnos con estadísticas de avances macroeconómicos, cuando sigue creciendo la pobreza. No es alimentarse con mentiras políticas.
La esperanza es fe en el futuro mejor que, con la ayuda de Dios, podemos ir construyendo. Es acción a la que nos lleva el deseo de una Honduras gobernada por quienes aman de verdad esta patria nuestra y están dispuestos a servirla y no a servirse de ella para su propio provecho. La esperanza nos vuelve exigentes para con los que están llamados a trabajar por la justicia social y la jurídica; para con los que han hecho juramento de servir la Constitución sin violarla cuando les conviene.
Yes desde nuestra esperanza cristiana y hondureña que hacemos nuestras las palabras de la Primera Carta a Timo-teo: "Ante todo recomiendo que se ofrezcan súplicas, peticiones, intercesiones y acciones de gracias por todas las personas, especialmente por los soberanos y autoridades, para que podamos vivir tranquilos y serenos con toda piedad y dignidad", (1 Tim 2, 1-2).
Hoy sigue teniendo validez para nosotros, como creyentes, el sentido de esta Palabra inspirada. Pidamos al Señor, que quienes vayan a gobernar por los siguientes cuatro años en Honduras sean capaces de amar de verdad al pueblo que los ha elegido. Y que fruto de esta rehabilitación urgente de nuestra vida política y de nuestra democracia, el futuro que preparemos entre todos sea, como afirma el Papa Francisco, el de una sociedad digna y solidaria.
Esperamos un futuro mejor para Honduras, con un gobierno que tenga programas eficaces para construir un país en donde, con palabras del Papa Francisco, no exista "ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez", (Encuentro del Papa con los Movimientos populares. Vaticano, 28 de octubre de 2014).
Se lo pedimos también a Nuestra Madre invocada como Virgen de Suyapa, Patrona de Honduras.