El Real Madrid es supercampeón de Europa

El Real Madrid logró su cuarto título al derrotar en la final de la Súper Copa de Europa al Manchester United por marcador de 2 goles a 1 en partido disputado en Macedonia, uno como campeón de la Champions y otro como campeón de la Copa UEFA.

El curso empieza como terminó, con superioridad del Madrid y Casemiro e Isco confirman su condición estelar, por encima de cualquier discusión sobre la delantera.

El Madrid salió con Isco y Bale. Cristiano seguía brillando, pero en el banquillo. Las novedades estaban en el United. Debutaban en partido oficial sus fichajes, uno por línea. Matic le permite además usar el 3-5-2, el sistema de moda. Parece una plataforma de lanzamiento para Pogba, pero quedó como un cohete aún pendiente de propulsión.

Se replegó y esperó muy compacto a un Madrid de inicio reumático que reaccionó a la entereza rival y a algún brujuleo del interesante Mkhitaryan como acostumbra: con la creatividad aún renqueante de Isco y Benzema. No eran necesarios desbordes ni regates. Bastaban sus movimientos, sus intenciones. Sus idas y venidas atornillaban al United. Era como un jamón siendo colocado en el jamonero.

El United, no obstante, tenía mejor pinta. El avance de Mou en ese equipo se percibe muy poco a poco y nada vistosamente, como la mejoria en un correcional: un jugador nuevo por línea y un sistema nuevo que debería permitir la redimensión de sus cuestionables figuras (¿No parece siempre Valencia el mejor de ellos?). Había otra cosa. Los jugadores daban la impresión de ser muy fuertes. Carvajal podía con Pogba, pero le costaba. La sensación era de equipo poderoso, físico, que será difícil de sacar del campo.

En el ceño de Casemiro se vio inquietud en los primeros minutos. Y no era para menos. Él estaba descifrando el partido. El United sujetaba a los interiores y disponía de libertad. Quedaba como incógnita despejada y ahí el brasileño volvió a confirmarse.

Remató al palo tras un córner y en ese primer tramo del partido las llegadas fueron suyas. Piso con garbo la mediapunta. Era como un Khedira mejor. Casemiro se estaba convirtiendo en un jugador de área a área y en el 15 remató un pase de carvajal para hacer el 1-0. La posición era dudosa, en el alambre, como si la flotación (y no solo la terminación) fuera de delantero.

Jugador de talla
Casemiro volvía a acreditar que crece con los partidos y que es un jugador de talla internacional y de dimensiones históricas. Su impacto global no es menor que un Redondo, por increíble que suene todo esto. Con el gol no cambió nada. El United se quedó atrás, muy junto, y el Madrid acumuló posesión como para intercambiarla por goles después.

Ha alargado sus jugadas y a veces le basta con el toque estructural para superar a los rivales. A veces ni siquiera es necesario que alguien se vaya en un uno contra uno. Su ritmo y una cierta elaboración resultan suficientes. Las diagonales de Isco y los movimientos hacia dentro de Benzema son los avisos.

El partido fue completamente madridista hasta el descanso para la hidratación, tres minutos que la moderna UEFA (tan humanitaria) concede al futbolista actual. O puede que a los entrenadores. A partir de ahí subió el nivel del Manchester. Se partió un poquito el Madrid y Matic lució. No tanto Herrera. No termina de gustar en Inglaterra, donde los malísimos hooligans le llaman «cara de lesbiana». Lukaku remató en el 45. Era lo primero que podía firmar. Lukaku parece Lebron James, pero se le ve pensar.

Mourinho no se volvió loco. Su equipo era claramente defensivo, pero las ocasiones del Madrid dignas de tal nombre habían sido dos, las dos de Casemiro. El 1-0 le dejaba el partido muy cerca y muy lejos. En el descanso, quitó a Kingard por Rashford, decisión que apoyarían la mayoría de aficionados del mundo.

Y el Madrid comenzó con ocasiones de Kroos y Marcelo y machacó con el 2-0 de Isco, un gol de antología. Se quedó quieto, rodeado de ingleses como un homenaje al Buitre en Magaluf, y descargó su compañía en una pared con Bale. Solo ante De Gea, pensó y colocó con el empeine. Tiene la lejana territorialidad culona de un Romario en el área.

Isco empieza a dominar una sencillez personal. Parece fácil. Se acabaron los regates eternos, las ruletas. Si puede, no regatea. No le hace falta. Va estirando la jugada con perreo. Y Bale, sin ser él todavía, dejó ya evidencia de sus constantes vitales.

Navas participó parándole a Pogba un gran remate de cabeza y el Madrid, a través de Kroos y Modric, como unos ingenieros muy específicos, manufacturaba el partido para un 3-0 de exhibición. Bale tiró al larguero.

Sin embargo Mou reaccionó con Fellaini, un elemento azaroso que libera los partidos. Es una extraña y simpática proyección del técnico. Se colocó de segunda torre y el Manchester lo simplificó todo aún más. Muy directo y fuerte, muy físico. En el 62 marcó con acciones de los nuevos: tiro de Matic, parada no secante de Navas y remate de Lukaku. Gol.

La posesión del Madrid perdía su condición fluvial, se trababa en mediocampo. Mourinho había torcido el juego y el partido estaba abierto.

Entraron Lucas y Asensio, velocidad en las bandas, pero seguía mandando la corporeidad de Fellaini y su zancada baloncestística.

Navas le quitó a Rashford el empate y hubo contragolpes de respuesta del Madrid.

El portero volvió a ser importante y Cristiano entró al final para levantar otra Copa. El Madrid ya no sufrió y controló sin problemas el final del partido. Como una bocina que se alejara, se fue disipando la sensación de peligro aéreo.