FELIPE DE EDIMBURGO: SUS CONEXIONES OLÍMPICAS Y DEPORTIVAS

por Ultima Hora
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Con el fallecimiento del príncipe Felipe de Edimburgo (1921-2021) a los 99 años de edad -hubiera cumplido 100 años el 10 de junio- decimos adiós a un personaje vinculado a la historia olímpica y, quizá, también a un deportista ‘frustrado’, a la manera que se entendía el deporte de élite en sus primeros años y sobre todo en el mundo anglosajón. Según una forma de pensar no totalmente aún desterrada, el deporte debía ser más que ‘de élite’, ‘para la élite’, en la medida que se entendía la competición como un encuentro de ‘amateurs’: personas que compitieran por placer y no por necesidad económica. Eso, evidentemente, creaba un mundo de dos niveles en la línea del tradicional clasismo británico: el deporte de ‘ladies’ y ‘gentlemen’, para los que estarían reservados el mundo olímpico y el deporte ‘de masas’, y ese porque no hubo forma humana de contener el auge del fútbol o del boxeo -aunque se intentó- que acabaron siendo profesionales.

Felipe de Edimburgo era, por nacimiento, de élite. De una élite un tanto especial porque aunque miembro de una casa real, la griega, la suya era una de las familias reales más pobres y dentro de ella, su rama era de las más desfavorecidas. Cuando Felipe nació Grecia mantenía una guerra contra Turquía, secuela de la I Guerra Mundial, en la que fue derrotada. En 1922 la monarquía griega fue abolida por primera vez en el siglo XX y el pequeño Felipe marchó al exilio con su familia estableciéndose en Francia primero y el Reino Unido después. En el periodo político cerrado entonces Grecia había liderado, bajo el impulso del barón Pierre de Coubertin, la restauración de los Juegos Olímpicos. Su abuelo, Jorge, inauguró los Juegos de Atenas 1896 y cuando Spiridion Louis ganó el maratón, los príncipes se echaron a la pista para acompañarle en los últimos metros. Entre ellos estaban Andrés, padre de Felipe, y Constantino, abuelo de la reina Sofía de España.

Felipe, que nunca volvió a Grecia y por lo temprano de su exilio no aprendió a hablar griego, vivió una infancia itinerante por Francia, Alemania y el Reino Unido, donde se estableció definitivamente debido a sus conexiones familiares. La familia real griega es, originalmente, una rama de la danesa: el Parlamento griego le ofreció la corona al propio Jorge I en 1863, llevando él y sus descendientes los títulos ‘de Grecia y Dinamarca’ y los apellidos Sonderburg-Glucksburg, que también llevan la Reina Emérita doña Sofía y el Rey Felipe VI, en muestra de la ‘capilaridad’ entre las familias reales, reinantes o no, europeas. Ingresó en la carrera militar, fue oficial naval en la II Guerra Mundial y tras ella, en 1947, se casó con Isabel, heredera al trono británico (llegaría al mismo en 1953). Cambió entonces su apellido y títulos nobiliarios, pasando a ser duque de Edimburgo, además de otros que le fueron concedidos.

La bandera del Reino Unido ondea a media asta en el hipódromo de Aintree, en memoria de Felipe de Edimburgo
La bandera del Reino Unido ondea a media asta en el hipódromo de Aintree, en memoria de Felipe de Edimburgo

Felipe de Edimburgo: directivo de la hípica internacional y padre y abuelo de olímpicas

Desde entonces, comenzó una vida, sobre todo, de actos representativos entre los que el deporte no estaba ausente. Como representante de la reina Isabel, nominal jefe del estado de Australia, fue él quien declaró inaugurados los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956. Además, en consonancia con la relación de la casa real británica con el deporte hípico, dedicó gran atención a este. Fue presidente de la Federación Ecuestre Internacional de 1964 a 1986 (le sucedió su hija, la princesa Ana, y a esta la Infanta Pilar de Borbón), siendo quien ha ocupado el cargo durante más tiempo. Ana de Inglaterra fue olímpica en Montreal 76 y todavía en Los Angeles 84 lamentaba la pérdida del amateurismo clásico y abogaba por suprimir los deportes de equipo de los Juegos Olímpicos. Zara Philips (ahora Zara Tindall), hija de Ana y nieta de Felipe, fue medallista también en hípica (concurso completo) en Londres 2012.

Y también fue competidor hípico el mismo: representó al Reino Unido en la modalidad hípica de enganches (conducción de carruajes) en seis campeonatos del mundo y tres de Europa. Aún se puso a las riendas de forma competitiva en el Royal Windsor Horse Show de 2005 y siguió al pescante varios años más. Además, fue un competente jugador de polo -deporte olímpico hasta 1936, con profusión de nobles en los equipos- y jugador de criquet. Pero, evidentemente, fueron más populares sus funciones representativas. Entregó trofeos en Wimbledon, en las competiciones inglesas de fútbol y figuró, en segundo plano, en la entrega del Trofeo Jules Rimet que realizó Isabel II a Booby Moore al término del Mundial 66.

En el criquet, por cierto, algunas veces no presidía partidos por delegación. En el campo londinense de Lord’s, la ‘catedral’ del deporte, estuvo prohibida la presencia de mujeres durante mucho tiempo. En los años 80 se realizó una votación entre los socios para determinar si podía entrar una, en concreto, al campo: la reina de Inglaterra. Descanse en paz Felipe de Edimburgo.

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