LAS INSTITUCIONES DE EDUCACIÓN SUPERIOR NO SOMOS UNA FUENTE DE GASTO, SINO UNA PALANCA DE CAMBIO PARA UN FUTURO MEJOR: DIRECTOR DE UNESCO-IESALC

por Ultima Hora
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La pandemia de COVID-19 ha doblegado no solo el sistema de salud de cada uno de los países, sino también su sistema educativo, planteando nuevos desafíos en un contexto cada vez más demandante.

Para abordar esta temática desde la perspectiva de la educación superior, se desarrolló este miércoles 16 de junio, en el marco del IX Congreso Universitario Centroamericano (IXCUC), la conferencia magistral “El futuro de la educación y los desafíos de las universidades centroamericanas del siglo XXI, en el contexto de la integración regional y la disrupción tecnológica”, a cargo del director del Instituto Internacional de la Unesco para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (Unesco-IESALC), Francesc Pedró.

Partiendo de consecuencias como la exclusión de miles de estudiantes de las 24 universidades parte del Consejo Universitario Centroamericano (CSUCA), entre ellas la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), institución anfitriona del encuentro, el rector de la Universidad de El Salvador (UES) y moderador del espacio, Roger Arias, destacó la necesidad de reflexionar sobre la necesidad no solo de transitar hacia nuevas formas de enseñanza-aprendizaje a través del uso de medios virtuales, sino también sobre los sistemas de evaluación, y exigir a los gobiernos la garantía del derecho humano a la educación.

“En esta pandemia que nos agarró desprevenidos a la mayoría, se profundizaron aún más las diferencias sociales, las brechas entre ricos y pobres, sobre todo entre nuestros estudiantes. Miles y miles de nuestros estudiantes de las 24 universidades abandonaron sus estudios por falta de acceso a la tecnología, miles y miles renunciaron obligatoriamente a ese derecho humano y sagrado a la educación”, dijo.

“Es ahí donde los gobiernos deben poner atención, es ahí donde están en la obligación de garantizar que ese derecho se cumpla a plenitud y no excluya a los más pobres, a los más desposeídos, a los marginados de nuestros pueblos”, añadió.

El conferencista, mientras tanto, señaló que previo a la pandemia, las metodologías docentes utilizadas en los programas universitarios eran principalmente lecciones magistrales, estudio de casos, resolución de problemas, discusiones y trabajo en equipo, tal y como lo reflejan algunas investigaciones, sin embargo, las estrategias pedagógicas han evolucionado y cada vez es mayor el uso de dinámicas como experimentos, juegos y simulaciones, y aprendizaje colaborativo, además de herramientas digitales, sobre todo en los Estados Unidos de América, marcando un cambio radical hacia el desarrollo de competencias, pero aún lejos de ser la norma.

“Las actitudes de los docentes y los estudiantes han cambiado radicalmente gracias al uso intensivo que se está haciendo de la tecnología para garantizar la continuidad del proceso de enseñanza-aprendizaje. El mayor porcentaje de ellos es ahora optimista con respecto al uso futuro de la educación virtual o la hibridación, así como de las evaluaciones en línea”, dijo.

Al respecto manifestó que el primer motor de la llamada innovación puede ser la digitalización espoleada por la pandemia, donde gran parte de los universitarios posee al menos un teléfono inteligente, una tableta, una laptop o una computadora, aunque no precisamente con conexión a Internet.

“Cierto es que la tecnología no tiene que traducirse en que cerremos los ojos a los riesgos que su uso intensivo conlleva”, señaló respecto al hecho por ejemplo de que el 34% de los estudiantes utilizan su móvil en clase para cosas ajenas al aprendizaje, el 12% envía textos o mails y el 20% navega en la web, juega o revisa sus redes sociales, entre otras actividades, olvidando que las competencias más solicitadas por las empresas al momento de solicitar empleo son, por su orden de prioridad, la resolución de problemas, trabajo en equipo, comunicación, pensamiento crítico, creatividad,  lenguaje y competencias digitales.

Inversión pública

En cuanto a lo expresado previamente por Arias, explicó que no se trata solo de un problema de inversión, sino de las soluciones políticas que muchos gobiernos han adoptado y que tienden a no prestar atención al aumento del número de estudiantes. “En lugar de traducirse en un aumento proporcional de la inversión pública en la educación superior, se traduce en una disminución”, lamentó, al tiempo que advirtió que después de la pandemia los ejercicios fiscales probablemente recuerden que dicho nivel educativo no es una prioridad.

“Es algo que va a requerir que personas y comunidades como las suyas reaccionen rápidamente, anticipándose y recordando que las instituciones de educación superior no somos una fuente de gasto, sino una palanca de cambio para un futuro mejor, sobre todo tras la pandemia”, argumentó.

“Las universidades de Centroamérica y República Dominicana estamos en la obligación moral y ética de seguir el sueño de Morazán, de construir desde la academia esa integración soñada, precisamente porque administramos recursos del pueblo, subsistimos gracias a los impuestos que pagan los y las compatriotas de nuestros países. La región es bastante frágil y eso nos obliga a mantenernos unidos desde los esfuerzos de la docencia, la investigación y la extensión con la sociedad, como integrantes de esta gran familia del CSUCA”, acotó el académico de la UES.

Desde la perspectiva de la Unesco, el cambio o la innovación más significativa de la educación en la nueva normalidad es y ha sido el establecimiento de objetivos pedagógicos centrados en competencias a desarrollar para poder actuar frente a un determinado problema, a partir de los conocimientos que trascienden el ámbito de una asignatura o un curso e intentan transmitir un determinado sistema de valores en los graduados, una reingeniería de los procesos.

Con base en lo anterior, el experto internacional recomendó ofrecer un entorno de aprendizaje más flexible, permitiendo al estudiante decidir la modalidad; aumentar la efectividad del tiempo en el aula y las oportunidades de aprendizaje, así como reforzar la internacionalización, sin descuidar la investigación.

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